El Estrés
marzo 11, 2024

El estrés es de acuerdo a la medicina es un estado de tensión física y emocional, que se debe a una situación o pensamiento que se considera demandante en exceso, o para el que no se está adecuadamente preparado para afrontarlo.
En el mundo actual es muy común, es nuestro pan de cada día, ya sea que se viva en grandes ciudades o poblaciones más pequeñas. Las demandas actuales llevan a las personas a vivir en un continuo estado de estrés y sus consecuencias como lo son:

  • Dolor de cabeza
  • Trastornos estomacales
  • Diarrea o estreñimiento
  • Caída de cabello
  • Problemas para mantener la concentración
  • Frustración
  • Irritabilidad
  • Mala memoria
  • Falta de energía
  • Cambios en el peso (subir o bajar)
  • Insomnio
  • Rigidez en mandíbula

Y cuando estos niveles de estrés se mantienen a lo largo del tiempo (estrés crónico) puede derivar en problemas cardiacos con consecuencias en ocasiones fatales. Fuimos diseñados con un mecanismo de respuesta ante los retos que a lo largo de la historia hemos debido afrontar como humanidad; desde la época de la caza y huir de animales salvajes, hasta los desafíos para mantener un trabajo, enfrentar una situación adversa como una enfermedad, un cambio de residencia, etc. Como creyentes sabemos que el diseño Divino es bueno (Gen 1, 31); entonces porque esa tensión me enferma y provoca tantos trastornos?

La respuesta suele estar en nuestra mente, en la manera en que procesamos la información y que hacemos con esa información. Si bien siempre tendremos dificultades en la vida, lo que si podemos controlar es la manera en que afrontamos esa dificultad y principalmente en quien confiamos en nuestras vidas.
Ese afrontamiento inicia en nuestra mente, en nuestros pensamientos. Ahí es donde nuestra mente puede estar sujeta a nuestra voluntad o puede ser una tirana sin control que nos lleva a la desesperación. La calidad de nuestros pensamientos está en nuestras manos, en lo que cada día le permito expresar a mi mente, si es potencialmente bueno o desastrosamente fatalista. Nuestros pensamientos se convierten en nuestras actitudes y finalmente nuestras acciones.

Si bien una dieta baja en grasas y azucares, el ejercicio físico (tan simple como salir a caminar 30 minutos al día), el tener constancia en nuestros horarios para comer y dormir, llevar una agenda en la sepamos que nos corresponde hacer hora por hora (evitando así desperdiciar el tiempo), pedir ayuda para concluir nuestras tareas, el tener espacios de esparcimiento perfectamente delimitados (hacer una actividad que nos guste y de paz cada día, con tiempo estipulado) nos puedo ayudar a afrontar ese estrés; sin embargo, es el pensamiento positivo muy importante.
El pensamiento positivo no significa ignorar mi entorno y sus problemas, al contrario, es evaluar que tengo, como lo puedo usar, en donde puedo encontrar y con quien lo que me falta. La esperanza es vital, en este sentido, como creyentes llevamos una gran ventaja, si de verdad confiamos en ese Dios omnipotente (todo lo puede), omnipresente (esta en todos lados) y omnisciente (todo lo sabe), si sabemos que tenemos un Padre celestial que nos ama, que no luchamos solos, es mucho más fácil mantener esa esperanza.

Mi receta personal que aconsejo para mantener bajo control el estrés de cada día, aparte de lo ya mencionado, es:

Pedir al Espíritu Santo cada día que nos llene de su fortaleza y sabiduría, con una oración sencilla, salida de nuestro corazón. Hacer una lista diaria de 10 cosas por las que estamos agradecidos antes de dormir. Dedicar al menos 10 minutos en mi día para hablar con ese Padre celestial en el que le hable de mis miedos, sueños, dificultades, con total honestidad; confiarme en su infinita misericordia y tener pequeñas jaculatorias, que son oraciones pequeñas, tomadas de la Biblia o de oraciones de los Santos, y que nos pueden ayudar a mantener la paz en medio del caos de la vida actual; algunos ejemplos son “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil 4, 13), “El Señor es mi pastor, nada me faltara”(sal 23), “nada de turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda”(Santa Teresa de Jesús), “Bástate mi gracia, mi mayor fuerza se manifiesta en tu debilidad” (2 cor 12, 9). Tener cerca algo que nos recuerde lo que amamos de esta vida como una foto de nuestra familia o de nuestro sueño (una casa, una empresa) suele ser de gran ayuda.

Recuerda que no luchas solo (a)… tienes un Padre que te ama, un Redentor Jesucristo que estuvo dispuesto a morir por TI en la cruz. Que estás dotado (a) de inteligencia para superar las dificultades, que en donde terminan nuestras fuerzas inicia la omnipotencia de Dios, se dócil a la Voluntad de Dios, confíate a ella cada día.

Mtra. Cristina Collado Partida